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"Dolby Atmos" en la caja de una barra de sonido no siempre significa lo mismo. El Beam Gen 2 lo consigue con trucos de procesado; el Beam Ultra, con altavoces de verdad. Aquí está la diferencia explicada sin marketing de por medio — con lo que gana y también con lo que no cambia.

Sonos Beam Ultra bajo el televisor, en un mueble de salón
5 → 9
Altavoces
0 → 2
Hacia el techo
Virtual → Real
Atmos

Cómo engaña el Beam Gen 2 a tu cerebro

El Beam Gen 2 tiene cinco altavoces, todos mirando hacia delante y a los lados — ninguno hacia el techo. Para dar sensación de sonido por encima de la cabeza sin tener el altavoz que lo produciría de verdad, recurre a un truco de psicoacústica: retrasa ligeramente cuándo le llega el sonido a cada oído. Ese desfase de tiempo es la misma pista que usa tu cerebro en la vida real para saber de dónde viene un sonido, así que cuando el procesador lo manipula, interpreta que el helicóptero de la película se mueve por el techo, aunque el sonido físico siga saliendo de una barra a la altura del mueble de la tele.

Por debajo, el chip separa el audio en dos capas: una a la altura del oído, con el grueso de la mezcla, y otra simulada para los efectos que deberían sonar arriba. Funciona razonablemente bien en salas pequeñas y con techos bajos y lisos, que reflejan mejor el engaño. Cuanto más alto, inclinado o irregular sea tu techo, menos convincente resulta.

Lo que hace distinto al Beam Ultra

El Beam Ultra no depende del truco: monta dos altavoces orientados hacia arriba, de verdad, además de los otros siete repartidos entre agudos y graves. El sonido de altura sale hacia el techo porque hay un altavoz físico apuntando ahí, no porque el procesador lo simule. Es la diferencia entre Atmos virtualizado y Atmos 7.1.2 real: el primero es un cálculo, el segundo es una dirección de sonido física.

El salto no es solo hacia arriba. Con casi el doble de altavoces, el sonido también se abre más a los lados: en el Gen 2 todo tiende a sonar "pegado" a la pantalla; en el Ultra, los efectos se separan mejor del centro, y esa sensación de que el sonido viene solo de un punto fijo frente al sofá se nota bastante menos.

También estrena mejora de voz por inteligencia artificial, con cuatro niveles ajustables. Si en las escenas de acción sueles perder el diálogo entre explosiones y música, aquí se nota — no hace falta subir el volumen general para entender lo que dicen.

¿Merece la pena el salto? — Si tu salón tiene techo alto, inclinado, o con vigas y estanterías que rompen la superficie, el Gen 2 nunca te va a convencer del todo por mucho que subas el volumen: ahí el Ultra soluciona un problema real. Si tu techo es bajo y liso y el Gen 2 ya te parece suficiente, el salto es más una cuestión de gusto que de necesidad. Ven a escucharla a nuestra sala — el resultado exacto en tu salón depende de tu techo, no del nuestro, pero es la mejor forma de hacerte una idea real antes de decidir.

Cuándo no hace falta el salto

El Beam Ultra no es la respuesta correcta para todo el mundo, y preferimos decírtelo antes de que lo reserves, no después:

  • El tamaño casi no cambia. 750 mm de ancho, solo 8,5 cm más que el Gen 2 — si buscabas algo radicalmente distinto, este no es ese cambio.
  • Con música en estéreo normal, la diferencia se nota menos. El Gen 2 ya suena muy bien en canciones sin mezcla espacial; el salto se nota sobre todo con contenido Atmos real — películas en plataformas que lo soportan, y algunos videojuegos recientes.
  • Es un escalón de precio de verdad, no un ajuste menor sobre lo que costaba el Gen 2.

Si ya tienes un Beam Gen 2 acompañado de un Sub y altavoces traseros, ese conjunto sigue rindiendo muy bien — el salto es menos urgente que si partes de cero. Y si lo único que echas en falta es mandarle música por Bluetooth desde el móvil, hay un atajo antes de cambiar de barra: agrupa la Beam con otro altavoz Sonos que sí tenga Bluetooth de verdad (un Era 100, Era 300, Move 2 o Roam), conecta el móvil a ese, y el sonido le llega a la Beam por Wi-Fi. No es tan directo como tenerlo en la propia barra, pero resuelve el problema sin comprar el Ultra. Date el salto si lo que más te importa es el cine con Atmos real, los videojuegos recientes, o dejar de perder diálogos en las escenas con más ruido.

Dónde está en la gama

Por debajo, el Sonos Ray: sin HDMI eARC ni Atmos, para quien solo quiere que la tele suene mejor sin complicarse. Por encima, el Arc Ultra, más largo y con más altavoces, pensado para salones grandes. El Beam Ultra es el punto intermedio: Atmos real en el mismo hueco donde ya cabía la Beam.

Si en casa hay unos Sonos Ace, el Beam Ultra les pasa el sonido de la tele con una sola pulsación, para ver algo sin despertar a nadie.

El resto de la ficha, en corto

HDMI eARC, Wi-Fi 6 y Bluetooth 5.3 para reproducir directo desde el móvil — el Gen 2 no tiene Bluetooth para esto en absoluto, ni siquiera de forma limitada: solo lo usa por debajo, durante la configuración inicial, para la primera conexión con la app. Mismo hueco bajo la tele que el Gen 2, en blanco o negro. Todos los detalles y la tabla completa de especificaciones están en la ficha del Sonos Beam Ultra, disponible para reserva ahora, con envío a partir del 29 de septiembre.

Sonos Beam Ultra en un salón, con dos personas viendo la televisión

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